31
May
fantasmas.
“—Los magos pueden dejar un recuerdo de sí mismos en el mundo y pasearse como una sombra por donde caminaban cuando estaban vivos —explicó Nick con tristeza—. Pero muy pocos magos eligen ese camino.
—¿Por qué no? ¡Además, no importa, a Sirius no le importará que no sea algo habitual, volverá, estoy seguro de que volverá!
(…)
—No volverá —repitió Nick—. Él… seguirá adelante.
—¿Qué significa que «seguirá adelante»? —preguntó Harry
(…) —Yo temía a la muerte —repuso Nick débilmente—. Decidí no aceptarla del todo. A veces me pregunto si no debí… Bueno, es como no estar ni aquí ni allí. De hecho, yo no estoy ni aquí ni allí… “
Harry Potter y La Órden del Fénix.
Es curioso como nos resistimos a marchar y a dejar marchar.
Nos aferramos a los recuerdos de una manera enfebrecida; evocándolos, reviviéndolos, reteniéndolos y reteniéndonos a medio gas, condenándonos conscientemente a llevar una existencia incompleta, insulsa.
Tendemos a ser reticentes y , en primera instancia, a todos nos cuesta aceptar que nos arrebaten la felicidad de las manos. Tanto, que en ocasiones nos contentamos con subsistir en vez de vivir plenamente.
El -a simple vista- cómodo limbo en el que te envuelven los recuerdos se convierte, tras dejar reposar los posos, en agotador, turbio, eternamente insatisfactorio.
Y todos deberíamos, algun día, abandonar ese tentador refugio, esa existencia mermada, y enfrentar el camino con la cabeza bien alta, sin temer al dolor ni al olvido, siguiendo hacia adelante.